Las monarquías modernas
En la primera mitad del siglo XIV se produjo una importante crisis agraria. Se sucedieron años de malas cosechas y, luego, llegó la peste negra que redujo la población europea en torno al 60%.
Los habitantes de las ciudades huyeron por miedo al contagio, los productos agrícolas no encontraban compradores y los precios cayeron.
La situación económica fue especialmente grave en Castilla. La agricultura quedo regalada a un segundo lugar por los privilegios de la ganadería. Los ganaderos, organizados en La Mesta, obtuvieron importantes ventajas (la lana de oveja merina se exportaba a Flandes, donde se elaboraban tejidos de lujo), mientras que la industria textil castellana no cubría las necesidades del mercado interior.
Cambio de mentalidad
Con la crisis económica y el descenso de la población, los nobles perdieron poder adquisitivo. Sus rentas disminuyeron y reaccionaron apoderándose de señoríos y aumentando los derechos fiscales: derechos sobre los bosques, monopolio del molino, derechos de paso, pontazgos... También endurecieron los contratos de arrendamiento e incluso se apoderaron de tierras del rey.
Los nobles, para mantener el prestigio y el patrimonio económico, establecieron el mayorazgo, que consistía en vincular sus bienes para que no pudieran ser vendidos ni repartidos. De esta manera llegaron a alcanzar grandes riquezas.
En el transcurso de los siglos XIV y XV, los monarcas impusieron su autoridad sobre los nobles que, en contrapartida, aumentaron su poder económico. Se avanzó hacia una uniformidad legislativa frente a las leyes locales tradicionales. En Castilla, la Cancillería actuó como un alto tribunal de justicia.
Las monarquías aglutinaron en torno a los reyes los territorios que conformaban el Estado moderno que, para ser gestionado, necesitaba funcionarios. El desarrollo de la burocracia desplazó a la nobleza de estos cargos. Este proceso lo llevaron a cabo los Reyes Católicos en Castilla y la Corona de Aragón.
En el transcurso de los siglos XIV y XV, los monarcas impusieron su autoridad sobre los nobles que, en contrapartida, aumentaron su poder económico. Se avanzó hacia una uniformidad legislativa frente a las leyes locales tradicionales. En Castilla, la Cancillería actuó como un alto tribunal de justicia.
Las monarquías aglutinaron en torno a los reyes los territorios que conformaban el Estado moderno que, para ser gestionado, necesitaba funcionarios. El desarrollo de la burocracia desplazó a la nobleza de estos cargos. Este proceso lo llevaron a cabo los Reyes Católicos en Castilla y la Corona de Aragón.
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